No fue tuya la elección de ir a la guerra
Ni siguiera decidiste tu el momento, ni las armas, la táctica o el campo de batalla.
No pudiste contar con la ayuda de tus compañeros de cuadrilla que raudos se alejaron de la arena del combate, sin querer ver el toro aunque fuera detrás del burladero.
Te quedaste en el ruedo de tu cuerpo, solo sin banderilleros, enfrentándote a una lidia sin fin, sin música, ni cambio de tercio, sin capote ni espada ni muleta.
A la merced del los bravos y de un picador perverso que te asestaba con macabra puntualidad sus puyas de castigo para que no tuvieras descanso entre una envestida y la siguiente.
A pesar de todo, una vez tras otra, levantabas la cabeza y buscando con la mirada tu familia, que nunca se apartó de sus localidades en primera fila bajo el sol, les brindabas la siguiente faena…
“Va por Ustedes”, decías, mientras ellos intentaban cuidar de tus heridas, esperando, rogando, suplicando un descanso que raras veces te fue concedido.
Sin orejas que cortar, exhibiste durante años tu mejor repertorio de verónicas, pases de pecho y chicuelinas.
Hasta que al final, saliste al ruedo por la ultima vez, para tu ultima faena.
La mejor que he visto jamás, la mas digna, elegante y valiente.
La suprema.
La que finalmente convenció al Presidente a permitimos sacarte a hombros por la puerta grande.
Te llevas contigo el amor de tu familia.
Me dejas una clase inolvidable de dignidad, valor y entereza que muchos que nos lamentamos de nuestra “desdicha” tendríamos que aprender.
Hasta siempre, Maestro.
Ad memoriam rei perpetuam
Josep Ibarra Ubach


